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Crónica y Fotos del AZKENA ROCK FESTIVAL 2014

EL CARTEL

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VIERNES 20

Ni la lluvia, ni el viento, ni el granizo, ni un plantel de bandas algo más flojo o unos cabezas de cartel autocomplacientes pueden con el Azkena Rock Festival, ni con las más de 25.000 personas que han acudido las dos jornadas de la edición 2014 del veterano festival. Y ya van trece ediciones.

Este año más que en anteriores ocasiones se ha notado que el público que año tras año acude a Mendizabala, en muchos casos haciendo un esfuerzo más que loable, es una parte importantísima del festival, si no, en ocasiones, la más importante. Creo que la organización ha tomado buena nota y lo tendrá en cuenta para la siguiente edición, que tal y como se anunció los días previos, está asegurada merced a un convenio entre Last Tour International y el Ayto. de Vitoria-Gaseiz. No obstane nosotros iremos al Azkena, toque quien toque, porque al Azkena se va sí o sí.

 

La lluvia, que no por anunciada dejó de sorprender a los asistentes, fue el gran y triste protagonista de la jornada condicionando todas las actuaciones, tanto es así que un par de grupos, Bourbon y Bombus, vieron como se suspendían sus actuaciones dado el riesgo que suponía tocar bajo el fuerte aguacero, al que se añadía una tormenta electrica. Nosotros retrasamos nuestra aparición en Mendizabala hasta el concierto de Hudson Taylor, un remanso folk-pop entre un cartel claramente metálico, que apuesto no pensaba ni de lejos que iban a tener tanta audiencia al convertirse la carpa en refugio obligado. No obstante no nos costó mucho llegar a las primeras filas y disfrutar del concierto del dúo irlandés, que recordaba a otros dúos como Simon & Garfunkel o Proclaimers o a grupos más actuales en clave folkie como Munford & Sons y que cerró su bolo con un tema de clara influencia irish que impulsado por un violín trotón animó a bailar y saltar al público.

 

El veterano Seasick Steve, un bluesman blanco con look homeless a l'extra de Sons of Anarchy, era el siguiente en liza y como nos había gustado mucho en el BBK Live de hace un par de años nos dirijmos a las primeras filas desde donde pudimos disfrutar del barbado bluesman y su panoplia de guitarras artesanales, construidas con cajas de cigarros puros, latas de aceite o desvencijadas guitarras remachadas con palos de escoba y su repertorio electrico y pantanoso. 

 

 

Los siguientes en liza eran The Stranglers, un grupo que pese a que parecía no interesar mucho personalmente me gustaron, quizás porque centraron gran parte de su repertorio en sus éxitos ochenteros: "Peaches", "Duchess", "Always The Sun" o "Something Better Change" junto con versiones como el "All Day and All of the Night" de The Kinks o "Walk on By" de Dionne Warwick, o sus clásicos "Golden Brown" y "No More Heroes". A pesar de que la guitarra sonaba baja y en ocasiones, más de las deseadas, la tapaba el teclado, los británicos dieron un buen concierto que agradó a los (pocos) fans y me temo dejó indiferentes al resto.

Y tras estos llegó el turno de los protagonistas de la noche, los alemanes Scorpions. Creo que es mejor decirlo ya, no me gustan los Scorpions, nunca me han gustado. No me interesan ni sus baladas ni sus temas más contundentes. Aun así y merced a unas espectaculares proyecciones en las pantallas del fondo, el concierto estaba siendo más que aceptable, pero de nuevo la lluvia nos obligó a huir y refugiarnos en la carpa desde dónde pudimos escuchar además de una bochornosa lección de batuka, temas clásicos como "Still Loving You", "Wind Of Change" o "Rock You Like A Hurricane".

Refugiados en la carpa como estabamos, botamos con los Turbowolf y su hard rock de raíz punk inspirados en los Faith No More más contundentes y con un hiperactivo cantante que recordó por momentos a un joven y espídico Perry Farrel. Concierto perfecto para sacarnos del ensimismamiento en que la lluvia y los Scorpions nos habían empujado.

Marah, bueno, los reconvertidos Marah, pues solo queda de aquel grupo que en su día nos entusiasmara un hermano Bielanko y la teclista, siendo el resto de la banda una grupo de mercenarios y dos jovenes hermanos, que se convertirían en los protagonistas del concierto. Eran los últimos en el escenario principal. Venían presentado "Mountain Minstrelsy of Pennsylvania", un disco folkie que recoge un cancionero rural de la América profunda que les aleja del rock festivo y correoso inspirado en Springsteen, los Replacements o la herencia soul de su ciudad natal Philadelphia, por lo que no esperabamos mucho del concierto. Nos equivocamos. Comenzó el concierto con la banda en clave folk con el jovencito rubiales Gus robandole el protagonismo, sin quererlo, a Dave Bielanko, merced a su pericia al violín y dejando boquiabierto al público que aguantaban el tipo bajo la lluvia. Al tercer tema el grupo recuperó un tema del pasado "Santos de Madera", remozado al nuevo estilo de la banda y el concierto remontó. Dave Bielanko bajó al foso central para junto al joven violinista acabar el tema entre vitores del público. Ya desde el foso y esta vez junto a la teclista que cambio teclado por acordeón recuperaron otro tema "City of Dreams" que bajo la lluvia y pese a la escasa voz del cantante sono delicioso.

 

A partir de ahí y con toda la banda en el escenario el bolo se tornó eléctrico, con el joven Gus cambiando el violín por una guitarra artesanal y su hermano pequeño a la tabla de lavar finalizando un concierto sorprendente como poco. Tras la agradable sorpresa de Marah y con Unida comenzando su bolo con el "Helter Skelter" de los Beatles, abandonamos el recinto, esperando que la chupa de agua que habíamos agarrado no nos pasara factura al día siguiente.

 

Crónica: Javier Parro

Fotografías: Eneko Garcia Ureta

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