Bilbao BBK Live 2014: crónica del sábado

Fecha: Sábado 12 de Julio de 2014

Fotografías: Musicsnapper, Rhythmandphotos & Tom Hagen

Crónica: Javier Parro


El sábado y bajo un sol de justicia, por fin, llegamos pronto al festival para ver a los canadienses Elliott Brood que actuaban en el inmenso, para esa hora y para ese grupo, escenario principal. Nos hubiera gustado verles en la carpa, donde su formato de folk-rock acústico pero con pegada sónica hubiera encajado mejor, pero se les programó en el Stage 1 y allí nos acercamos a disfrutar del pase. "Lindsay", "If I Get Old" o "The Bridge" sonaron deliciosas bajo el soleado cielo bilbaíno ya fueran interpretadas con banjo, ukeleles o acústicas. Gran concierto para empezar la jornada.


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En la carpa les tocaba el turno a los jovenes bizkaitarras Belako a quienes hemos visto desde que ganaron el concurso Gaztea y participaron en la edición del BBK Live de ese año y desde entonces han crecido como grupo hasta que explotaron en el fabuloso concierto que dieron en la pasada edición del BIME. Con el público expectante que llenaba la carpa, pero no abarrotaba como con Izal el día anterior, comenzó el cuarteto contundente con sonoridades cercanas a Sonic Youth o Pixies para derivar a temas más atmosféricos merced al uso del teclados y ritmos pseudo-bailables, con ese bajo a lo Joy DIvision/New Order, para recuperar la garra guitarrera hacia el final del bolo con un tremendo "Zaldi Baltza" que me recordó a los enormes Ama Say, y de allí a la explosión final con todo el público rendido y convencido botado en la carpa.


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Noqueados tras el fabuloso concierto de Belako nos acercamos de nuevo al escenario principal donde Los Enemigos aparecían en escena a ritmo del "Real Good Time Together" de Lou Reed, toda una declaración de principios. Quizás los madrileños eran la banda que menos encajaba en el cartel, pero como somos irredentos fans poco nos importó que apenas hubiera gente a la que le interesara lo que sucedía en el escenario pues estaban allí esperando a los estrellas del día, The Black Keys. Esta indeferencia quizás se contagió a la banda que empezó floja, pero que tras el "Señora" de Serrat y enlazando temazo tras temazo terminaron arrollando al público con "Desde el jergón", "Septiembre", "La Cuenta Atrás" y "John Wayne". Infalibles Los Enemigos que acaban de terminar un disco nuevo y a quienes esperamos ver pronto en sala, que es el espacio natural de Josele y los suyos.


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Tarareando el "John Wayne" de Los Enemigos nos acercamos al Escenario 2, dónde no fue difícil encontrar buen sitio para ver a los Band of Horses (¿dónde estaban las 40.000 personas de Vetusta Morla?). Seguimos a la banda de Seattle desde su primer trabajo y hace un par de años tuvimos la oportunidad de verlos en el Azkena Rock Festival en un concierto tremendo que convenció al rudo público que acude al veterano festival babazorro. Comenzaron atmosféricos, delicados, con Ben Bridwell a la pedal steel guitar para pasar tras un radiante "Laredo" a centrarse en sus temas más rockeros que recuerdan a Neil Young o a los Black Crowes por partes iguales, "The great Salt Lake", "No one’s gonna love you" o "Cigarettes", para volver a tornarse emocionantes, grandiosos y ligeramente impostados en el rush final enlazando "Factory", "Ode to LRC", "The Funeral", una escalofriante "Is there a ghost" mientras anochecía y la final "Am I a good man?".


Fenomenal concierto, intenso, que, quizás distorsionado por el paso del tiempo, nos pareció igual de bueno, sino mejor que el visto en el Azkena Rock Festival.


Poco después vimos dónde se había metodo toda la gente: en el escenario principal, esperando a The Black Keys, mientras The Lumineers oficiaban en el mismo con su folk ligeramente tabernario, ligeramente campestre que en otra ocasión y en otro sitio hubieramos disfrutado a buen seguro, pues no era ni la hora ni el escenario adecuado para programar el concierto de los estadounidenses. La gente coreo su éxito publicitario "Ho hey", que sonó demasiado pronto, pero luego se dedicó a ignorar lo que sucedía en el escenario, por cierto magnificamente decorado con lamparas de araña, a lo que no ayudó el ritmo entrecortado del concierto con paradas incomprensibles, silencios incomodos y huecos dificiles de rellenar. Solo hacia el final cuando el lider del combo bajó a cantar entre el público, truco escénico que el publico festivalero siempre agradece, renació de nuevo coreando el preciso "Stubborn Love". Por cierto, nadie pareció reconocer el "Subterranean Homesick Blues" de Dylan que tocaron en la parte inicial del set, entretenidos en hacerse selfies o mandar whatsapp a sus amigos comentando lo poco que les quedaba para ver a The Black Keys.


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Tras ver a The Lumineers desde la ladera frente al escenario principal decidimos bajar para coger buen sitio y ver el concierto de los cabezas de cartel The Black Keys. Mientras charlabamos acerca de lo imcomprensible, no por calidad músical, pues les seguimos desde sus primeros discos, que nos resulta que un grupo como este venda millones y llene festivales como el BBK Live más destinado a propuestas más intrascendentes y livianas, los roadies iban cambiando el escenario llenandolo de focos metálicos y situando centrada la espectacular batería de Patrick Carney quien apareció en el escenario al poco tiempo, tras Dan Auerbach y dos músicos bajista y teclista que permanecieron todo el concierto en un forzado segundo plano.


Comenzaron con "Dead and Gone" de su anterior disco "El Camino" siendo desde el principio coreado por la multitud. Le siguió "Next Girl" de su disco "Brothers" y como esta canción, de clara estructura blues. Con "Run Right Back", también de "El Camino" volvieron a recuperar la atención del público, pese al deficiente sonido, que volvieron a perder con el siguiente tema "Same Old Thing", viejo tema de su disco "Attack & Release" para volver al subidón con el coreado "Gold on the Ceiling".


Definitivamente la gente había ido a escuchar los dos o tres hits del grupo y poco más. La actitud del grupo, fría y distante, aunque tremendamente profesional, tampoco ayudaba para conseguir esa deseada comunión. Lo intentó un par de veces Dan, recibiendo una fría respuesta por lo que nos dedicamos a envidiar la colección de espectaculares guitarras de Auerbach y alucinar con la sensacional y poco ortodoxa forma de tocar la batería de Patrick Carney. Como era de suponer centraron su repertorio en sus dos últimos discos, el citado "El Camino" y "Turn Blue" que se estrenó con el sigueinte tema "It's Up to You Now", al que le siguió un correoso y con garra rockera "Strange Times" para volver a las producciones multiplatino de Danger Mouse con "Money Maker".


"Bullet in the Brain" y "Turn Blue" seguidas y ambas de su nuevo trabajo, ralentizaron el ritmo de la actuación, proyectandose psicodelicas imagenes en las pantallas, merced a su cadencia funky, cadencia que se rompió con la pantanosa "Howlin' for You", coreada por el público -taratarata- y se acabó de diluir con la popie "Nova Baby". Desde aquí y hasta el final, el grupo supo mantener el tempo del bolo a lo que ayudaron los temazos, no lo negamos la banda tiene temazos, que se reservaron para el final, el velado homenaje a la Creedence que es "Gotta Get Away", el bluesero "She's Long Gone", la divertida "Tighten Up" y sus dos hits más recientes "Fever" y "Lonely Boy", temas ambos cortados por los mismos patrones pero con intención e instrumentación diferenciada pero de similar eficiencia. Como era de esperar la gente se volvió loca con ambos temas, sobre todo con el segundo, con el que terminó el concierto.


Los bises comenzaron con esa rendición zeppeliniana que es "Little Black Submarines" uno de los highlights de la noche, despidiendose la banda con "I Got Mine" de su album "Attack & Release" una especie de auto reivindicación de sus raices garajeras y que personalmente nos encantó pues para entonces nos habíamos retirado a un lateral del escenario y fue un gustazo ver a tanta gente moverse al son de ritmos palúdicos, guitarras inyectadas de fuzz y baterías básicas y contundentes, en un festival en el que han reinado los ritmos dance y las propuestas poperas.


Tras ver a lo lejos el “Time to pretend” de MGMT y al público entregado sin pudor al hedonismo festivalero, abandonamos el recinto, con una sensación de deja vu que se repite en las últimas ediciones, "este ha sido mi último año" pero sabiendo que en el 2015, coincidiendo con el décimo aniversario del festival acudiremos otra vez a las laderas de Kobetamendi.

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