Azkena Rock Festival: crónica del sábado


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El sábado amaneció inusualmente soleado en Vitoria-Gasteiz disipando totalmente el riesgo de lluvia y mal tiempo que flotó en el ambiente la jornada del viernes. Recuperados los conciertos en la plaza de la Virgen Blanca hacia allí nos encaminamos donde Sven Hammond la estaba liando parda, con un concierto más compacto que el día anterior y ante un público más receptivo que lo que quería era bailar y pasárselo bien, tónica que para gran parte del público asistente al festival se mantuvo todo el día. Así pudimos ver como gente con pulseras identificativas del festival bailoteaba de lo lindo en una terraza mientras tomaba caña tras caña a ritmo de competente banda de versiones o trasegando gin tonics a ritmo de Led Zeppelin; se presagiaba un día grande en el Azkena. Como decía, con ganas de fiesta llegamos a Mendizabala cuando los Powersolo iniciaban su concierto. Un concierto divertido, justo lo que necesitábamos, en el que los hermanos daneses nos regalaron estrafalarias canciones a ritmo de blues-garaje estilo Cramps o The Jon Spencer Blues Explosion, con títulos como “Boom Babba Do Ba Dabba”, “Sasquatch” o “Two Headed Woman” y amenizadas con epilépticos bailes. Parecen una banda de hillbilly de Tennesse pero son una solida banda de blues-rock garajero muy a tener en cuenta. Perfecto inicio del segundo día de festival.

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Con el sol en todo lo alto nos dirigimos al escenario dos mientras los Eagles of Death Metal iban ocupando posiciones. Con una propuesta desenfadada, parecida en la concepción a Powersolo pero no en la ejecución pues a los Eagles of Death Metal les va el rollo hard-rock, se presagiaba otro concierto festivo. Pero el verborreico líder Jesse Hugues, un tipo bigotudo y tatuado que parecía un extra de un episodio de “True Detective” y que contrastaba con el guitarrista clon de ZZ Top y la retahíla de gente que pasó por el escenario (incluido el guitarrista de Mastodon Brent Hinds) ralentizaron el ritmo del pase. Aún así nos regalaron entretenidos momentos como su canción más conocida “Cherry Cola” o cuando se intercambió la camiseta con una chica del público.


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Antes de terminar nos dirigimos hacia el escenario principal para coger buen sitio en las primeras filas pues el siguiente en liza, Cracker, era nuestro principal aliciente del día, no en vano lucimos una chulísima camiseta de la banda. Amagando el comienzo, pues probaron sonido mientras el anterior grupo todavía estaba en escena, saltaron al escenario los líderes de la banda Johnny Hickman y David Lowery, cada uno en su papel, de country rock star el primero y de líder de banda rock intelectualoide el segundo, acompañados de batería, bajo, teclados y pedal steel guitar. Una formación ideal para reproducir su nuevo trabajo “Berkeley to Bakersfield”, en el que las dos facetas del grupo a las que antes nos referíamos se aúnan en un disco doble. Aun así comenzaron con un tema antiguo "One Fine Day" y ya desde las primeras notas pudimos comprobar que el nivel de la banda no tenía comparación con la gran mayoria de bandas del festival. Sutiles, elegantes, preciosistas y precisos dejaron espacio para que los músicos acomapañantes se explayaran a gusto alargando el tema pero sin hacerlo tedioso. "One More Chance" y "Low", los siguientes temas, incidieron en esa variante arty de la música de Cracker añadiendo arreglos de teclados o de pedal steel a los temas lo que les dotaba de un nueva dimensión. Con el siguiente tema "Teen Angst" consiguieron arrancar los primeros saltos entre el público que coreo el estribillo "what the world needs now Is another folk singer Like I need a hole in my head" puño en alto volviendo en la siguiente canción "March of the Billionaires", el primero de su nuevo trabajo, al indie rock, estilo que dejaron para pasar al country rock, escenificadonlo Lowery colocandose un sombrero de cowboy, con "Where Have Those Days gone" y "California Country Boy" esta última con Hickman a la voz que sonaron increiblemente deliciosas bajo el azul cielo gasteiztarra. Y ya con el público metido en el bolsillo y tras haber dejado claro que son un gran banda se pusieron vacilones en el boogie "Sweet Potato" que unido a "This is Cracker Soul" sirvió para que Hickman se luciera con la guitarra volviendo a las sonoridades camperas en "Get on Down the Road", con actuación estelar de la preciosa teclista, terminando haciendo rugir a las guitarras en "The World is Mine" y en la clásica "Euro Trash Girl" coreada por todo el público. Parecía el final del concierto pero les informaron desde el lateral que les quedaba un tema más y se decantaron por uno nuevo "El Cerrito". Una extraña sensación de que si hubieran tenido unos minutos más y un par de temas podrían haber redondeado un concierto fabuloso nos invadió tras la última canción, pero en nada empañó el que para nosotros fue el mejor de todo el festival.

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Casi corriendo, nos dirigimos al escenario tres ya que Reigning Sound estaban a punto de empezar. Con la edición el año pasado de su disco "Shattered" un elegante ejercicio de soul garajero, se convirtieron en uno de nuestros grupos actuales favoritos, por lo que nos moríamos de ganas por verles en directo. Comenzaron garajeros y guitarreros con "Time Bomb High School" contrastando la fuerza del tema con la aparente apatía de Greg Cartwright y los suyos, actitud que se mantuvo a lo largo del bolo, pero que en mi opinión no influyó en la calidad del mismo. Temas de clara inspiración sixties como "Drowning", "Reptile Style" o "Stop and Think It Over" se mezclaban a la perfección con otros de orientación más soulera como "North Cackalacky Girl" o "Never Coming Home" llegando en ocasiones a pensar que nos habíamos trasladado a la california de los sesenta y estabamos viendo a Buffalo Springfield o a algún grupo de la época. El sonido de la guitarra, el look del batería, ese organo tan dylaniano, todo nos retrotraía esa mágica época. Menos mal que la trotona batería de "Stormy Weather" nos sacó de nuestra ensoñación y nos puso a bailar para no dejar de hacerlo hasta el final del concierto con el clásico de Sam & Dave "You Got Me Hummin" . Buenísimos.

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De los siguientes en liza y cabeza de cartel del sábado, Mastodon, poco podemos decir, no somos amigos de sonoridades pesadas ni de la deriva filometálica que está tomando el festival en las últimas ediciones pero quizás sea este el precio que debamos pagar para poder disfrutar de delicatessen musicales como The Reigning Sound o el siguiente artista del cartel, John Paul Keith. De nuevo dolorosos solapes; en el escenario dos Off! con su halo de supergrupo hardcore y con famosos y destacados integrantes como el Redd Kross Steven McDonald, con quien pudimos charlar brevemente entre conciertos, y en el escenario pequeño el semidesconocido geniecillo rocker John Paul Keith. La duda hizo que nuestro grupo de amigos se dividiera, optando nosotros por este último.


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Elegantemente vestido a la forma de un Buddy Holly moderno, gafas y tupé incluido, y desgranando un repertorio mayormente anclado en los cincuenta, pero en la vertiente mas pop y no tan cruda, tan bluesera como el día anterior había mostrado J.D. McPherson. Gustó mucho al publico que se congregó en el tercer escenario. La referencia más clara era el malogrado Holly como así demostró en temas como "Never Could Say No’" o "Anyone Can Do It" pero también le dió al rockabilly en "Dry Country" en el que los coros del bajista recordaron a los Stray Cats cuando se ponían en plan swing y en "I Work At Night’" o al primigenio rock n´roll en "Pure Cane Sugar" y en ‘True Hard Money’ donde ni el piano se hecho en falta merced al precioso sonido que John Paul sacó de su telecaster. También hubo sitio para el country en ese delicioso tema que es "Everything's Different Now" y en "You Devil You", para el soul en la romántica "New Year’s Eve" o para el surf tirando de reverb guitarrero en el blues "Baby we Are a Bad Idea" que inevitablemente recordaba a Chris Isaak. O para guiños a Roy Orbison, a Elvis y en definitiva a todos los grandes del rock. Terminó el concierto con un exhultante John Paul Keith que sorprendido y contento ante la respuesta del público nos dedicó un bis, aunque como dijo "estaba prohibido", eligiendo el clásico "I Can Help" de Billy Swan que como no, bailamos como locos, tal y como hicimos durante todo el concierto. De lo mejor del día, de lo mejor del fin de semana, de lo mejor del festival.

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Tenía ganas de volver a ver a Ocean Colour Scene, un grupo con el que coincido en influencias y estética (ya sabeis de mi corazoncito mod), y al que sigo desde su primer disco. Pese a que sabíamos que venían sin el guitarra Steve Cradock, las anteriores ocasiones que les habíamos visto habían demostrado mucha solvencia en el directo, por lo que cogimos sitio en las primeras filas. Lamentablemente fue la gran decepción del festival. Horripilante sonido, ¿el peor de todo el fin de semana?


Sin duda, parecía que los Mastodon habían petado los bafles y una actitud poco profesional con un bajista más preocupado enabrir un botella de cerveza que en tocar su instrumento y un cantante, Simon Fowler, con los dedos vendados y evidentes síntomas de intoxicación etílica. Ni siquiera los clásicos que tocaron, casi todos de su primeros discos, "The Riverboat Song", "Hundred Mile High City", "You’ve Got It Bad", "So Low", "Travellers Tune" o "The Day We Caught The Train" ni el interludio acústico a cargo del cantante del temazo que es "Robin Hood" o ayudado por el batería, en este caso al piano en "Better Day" remontaron un concierto. El final del pase con el clásico de los Beatles "Day Tripper" no pasó de anécdota, gris y agridulce anécdota.

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Para terminar elegimos a Wovenhand en detrimento de Kvelertak, el proyecto de David Eugene Edwards que con una estética de gótico sureño y una música basada en la música roots clásica se transforma en una especie de gospel-folk psicodélico merced a una forma de actuar e interpretar oscura, teatral. Vimos todo lo que esperábamos, ese gospel atronador y atrayente y esa teatralidad por parte del reverendo que convertían el concierto en un espectáculo hipnótico y fantasmagórico que te atrapaba sin remedio. Los aspamientos, los amenazantes gestos de David Eugene Edwards, la extraña bendición/maldición final y por encima de todo el atronador sonido de la base rítmica, las punzantes guitarras y la profunda voz del cantante convirtieron el concierto final del Azkena 2015 en un diabolico akelarre, o al menos eso nos pareció a nosotros. Tras Wovenhand y la purga espiritual que supuso su concierto necesitabamos volver a ensuciar nuestra alma a base de rock n´roll y cerveza por lo que quemamos nuestras últimas fuerzas en la carpas hasta altas horas de la madrugada.


Quizás el recuerdo de los buenos momentos vividos en el festival hicieron que extrañamente, esta vez, el camino de regreso al hotel no se hiciera tortuoso.

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