Mundaka Festival: primera jornada


El principal aliciente para asistir a un festival de música debería ser, precisamente, la música, bien porque alguno de los grupos que participan en el mismo te gusta o bien porque el estilo de música imperante en el festival es de tu agrado. Pero en estos momentos de festivalitis aguda, los promotores tienen que añadir alicientes extramusicales para que la gente opte por comprar los abonos de su festival. Porque no solo los artistas de relumbrón internacional son oferta suficiente: actividades alternativas a lo musical, espectáculos circenses, una oferta gastronómica atractiva, elegir un lugar especial para celebrar el festival o convertir el recinto en una especie de parque de atracciones musical apto para todas las edades.


El Mundaka Festival, que este año celebra su tercera edición, elige dos de las anteriores opciones para hacerlo más atractivo: una oferta gastronómica paralela muy interesante, y sobre todo, el entorno en el que se celebra el festival, la península de Santa Catalina, un paraíso al lado de mar que perfectamente acondicionado y decorado hace de este festival uno de los más especiales a los que hemos acudido,... ¿y la música?, ¿no estábamos hablando de música?

De la música nos ocupamos a continuación.


Peter Harper, hermano pequeño del gran Ben Harper, tuvo el honor de inaugurar el festival siendo el primer artista en salir al escenario, que situado frente al mar impresiona a todos los músicos que se suben a él.


Con un estilo similar al de su hermano y unos referentes parecidos, interpretó en solitario el "Talkin´Bout a Revolution" de Tracy Chapman y junto al resto de la banda una personal versión del “I Won’t Back Down” de Tom Petty y su buen rollismo contagió al público que poco a poco iba llegando al recinto, merced a tonalidades acústicas, canciones pausadas y reggae, llegando incluso a bajarse del escenario y, en una imagen insólita, saludar y besar a todo el mundo mientras la banda interpretaba su tema “Can’t Stop Now”, que había dedicado a musulmanes y cristianos, heterosexuales y homosexuales, altos y bajos. Se despidió a ritmo de ukelele y todo eso sin quitarse el jersey.


Julian Maeso, cada vez más funky, acompañado de una impresionante banda: dos guitarras, bajo, batería y dos vocalistas, además de él a los teclados, fue el siguiente en saltar al escenario, frente al cual cada vez se agolpaba más gente pese a que la perspectiva de ver atardecer cómodamente sentado en una hamaca, era más que apetecible.


Comenzó potente el pase con un recuerdo a su anterior álbum (“One Way Ticket To Saturn”) con el tema “Leave It In Time” pasando a centrarse en las canciones de “Somewhere Somehow”, su trabajo del año pasado, como “No Earthly Paradise”, “The Road Less Travelled”, “Keep On Striving” o “Hanging On A Wire” demostrando su virtuosismo al órgano. Un placer oír respirar al Hammond apenas a unos metros de distancia del escenario. Pero también tiene tiempo para lucirse a las seis cuerdas en la parte final del concierto respaldado por la banda, que cumple a la perfección su papel dotando a cada tema de la tonalidad necesaria, ya sea más americana mediante el uso de la slide o más soulera potenciando a las fenomenales coristas. Gran pase del toledano que cada vez que nos visita nos demuestra que está a un gran nivel.


Ya de noche apareció en un escenario decorado con referencias a su último disco Quique Gonzalez a quien también acompañaba una gran banda, Los Detectives, en la que la voz de Carolina Nina de Juan es ya una pieza imprescindible.


Comenzó el concierto con un tema de su último disco, “Me mata si me necesitas”, el titulado "Sangre en el marcador" que sonó atronador, tónica que se mantuvo todo el concierto y casi todo el festival pues los artistas gozaron en su gran mayoría de un gran sonido. Este concierto se incluye en la gira veraniega que cierra la gira de presentación de su último trabajo, un trabajo muy especial para Quique pues es el primero que viene firmado como Quique Gonzalez & Los Detectives y el primero que ha grabado con una banda que luego lo presenta en directo y este detalle se nota y mucho a lo largo del concierto pues Quique se encuentra cómodo en el escenario integrado como un miembro más en una banda compenetrada que lo arropa y lo eleva. Además se atreve a dotar a los temas antiguos de nuevos arreglos que los integran en la tónica del show; "Kamikazes enamorados" sonó más contundente que en anteriores ocasiones y merced a ello fue de las primeras canciones en sonar mientras que "Salitre" perdió su tono acústico en pos de un ropaje más rockero (por cierto momento highlight conciertil a añadir a mi lista: escuchar "Salitre" mientras de fondo se podían oír las olas rompiendo, oliendo el salitre del mar).


El grueso del set lo compusieron las canciones de su último disco, entre las que destacó "Charo" a dúo con Carolina, pero también hubo espacio para temas clásicos como los antes destacados u otros como "La ciudad del viento", compuesta junto al bajista de Julián Maeso, "Y los conserjes de noche" o "Pequeño rock n´ roll" con el que cerró su pase. Pero también se acordó de temas más recientes de su etapa americana como "Tenía que decírtelo" o "¿Dónde está el dinero?". Pocas pegas se le pueden pedir a un concierto tan redondo como el de Quique Gonzalez, si acaso su duración lo que hubiera permitido incluir media docena de temas más, pero aún así seguro que hubiéramos echado de menos alguna de sus canciones, tal es el extenso cancionero que posee ese artista al que hemos visto evolucionar de tímido cantautor a exultante rock star como demostró en Mundaka. Y nos encanta.


Pasamos el tiempo entre conciertos bailoteando de lo lindo cerveza en mano, por lo que la espera se nos hizo más que amena. Tanto Quique Gonzalez como los siguientes en liza, Mando Diao, habían traído atrezzo para decorar el escenario.


Vimos a los Mando Diao en sus primeras visitas a Euskal Herria, un primer y abarrotado concierto en el Azkena bilbaíno y un pase para cerrar la primera edición del BBK Live y en ambos nos gustaron mucho, demostrando en directo lo que enseñaban en sus dos primeros discos, influencias sixties en un rock de raíz garajera que dejaba sitio a melodías cercanas al brit-pop. En sus siguientes trabajos, también disfrutables, la influencia garajera desapareció a cambio de sonalidades más bailables, que han acabado de inundar los últimos trabajos, ya no tan disfrutables. No obstante optamos por coger buen sitio en las primeras filas donde ya se arremolinaba gran cantidad de gente con ganas de fiesta. Y fiesta fue lo que recibieron pues a las primeras de cambio el vocalista, Björn Dixgård, ya se había quitado la camiseta y animaba al público al grito de "Hey! Motherfuckers!". Hubo recuerdo para esos primeros discos que antes mencionamos -"Mr. Moon"- pero la gran parte del set lo engrosaron canciones de su nuevo disco "Good Times", lleno de grooves discotequeros y de ritmos bailables que interpretados en directo se hacen más apetecibles, esto es, que bailoteamos como locos con el combo sueco, aunque nos descolocó el set de djs que se marcaron a medio concierto y que aprovechamos para ir a la barra del fondo a pedir la penúltima. Cerraron la parte principal del concierto con su hit “Dance With Somebody”, reservando para los bises el primer single de su nuevo trabajo “Shake”, culminando un divertido concierto, en el que el desfase y el desmadre del escenario se contagió al público.


Para cerrar el día la organización eligió a los Zea Mays que celebran este año su vigésimo aniversario en el mundo de la música con la publicación de su disco "Harro".


Gran parte del público que antes disfrutó con Mando Diao permanecía atento al escenario uniéndose jovencitos y jovencitas que siguen a la banda de Rekalde merced a su gran éxito “Negua joan da ta”. Obviamente sonó ese tema y otras canciones de la banda en la que destaca sobremanera la prodigiosa voz de Aiora Renteria que llena todo con una fuerza descomunal y que arropada por una contundente banda completan un buen concierto, quizás algo lineal en su propuesta que la banda intenta romper con recuerdos a Black Sabbath o al más sorprendente “Get Lucky” de Daft Punk. Perfecto fin de fiesta que no culminamos con la sesión de dj pues el día siguiente se prometía igual de potente.



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